El 13 de noviembre de 2025, el intendente de Canelones, Francisco Legnani, inauguró junto al presidente Yamandú Orsi y al intendente de Montevideo, Mario Bergara, el último tramo de la bicisenda costera de Ciudad de la Costa: 3.600 metros de pavimento compartido entre ciclistas y peatones, en el borde del departamento de Canelones con la frontera de Montevideo, desde la calle Ecuador hasta el arroyo Carrasco.
Con ese tramo, quedó cerrado un corredor continuo de 12,7 kilómetros de paseo costero en Canelones, que se encadena con la rambla montevideana para sumar más de 30 kilómetros de vía segregada sin interrupciones. La obra incluyó pavimento, mobiliario urbano, rampas de acceso, cordón cuneta, alcantarillado, paradas de ómnibus y señalización. El financiamiento fue conjunto entre la Oficina de Planeamiento y Presupuesto —a través del Fondo de Desarrollo del Interior (FDI), que aportó el 85 % del costo total de $87 millones— y recursos departamentales de la Intendencia de Canelones.
La importancia del proyecto excede la infraestructura. Lo que se inauguró ese día no es solo una franja asfaltada: es la posibilidad de recorrer en bicicleta —o a pie, con niños, o con personas mayores— el litoral entre Ciudad de la Costa y el corazón de Montevideo sin abandonar ningún momento la calzada segregada. Una conexión que, según vecinos presentes en el acto, "se estaba esperando hace muchos años."
Para los ciclistas que conocen la costa desde la rambla montevideana, esto significa algo concreto: el límite departamental ya no es una frontera de asfalto roto. El recorrido que antes se interrumpía abruptamente en los primeros metros de Canelones ahora tiene continuidad. Desde Neptunia hasta Punta Carretas —o en sentido contrario, con viento a favor— el trayecto es, por primera vez, enteramente cicloamigable en superficie.
El contexto importa. La Costa de Oro lleva décadas de transformación acelerada: lo que era balneario de temporada se convirtió en residencia permanente para decenas de miles de personas. El crecimiento demográfico superó durante años a la infraestructura de movilidad. La bicisenda no cierra esa deuda, pero establece un punto de partida diferente: el de un corredor público donde la escala del cuerpo humano —a pie, en bici, con un carro— vuelve a tener lugar.
Una segunda etapa de iluminación, que extenderá el alumbrado desde la avenida Calcagno hasta el límite con Montevideo, completará la obra en los próximos meses.