Quien haya salido en bicicleta por la rambla de Montevideo o por la costa de Canelones en un día de viento sabe que la dirección importa tanto como la distancia. Un recorrido de treinta kilómetros con viento en contra puede costar el doble de esfuerzo —y el doble de tiempo— que el mismo trayecto con el viento a favor. En la costa rioplatense, ignorar el viento al planificar una salida no es un error menor: es el error central.

El régimen eólico del Río de la Plata responde a patrones estacionales relativamente definidos, aunque nunca del todo previsibles. En verano, el anticiclón semipermanente del Atlántico Sur orienta los vientos predominantes hacia el sector este y noreste. Este viento oceánico llega cargado de humedad, modera las temperaturas altas y se siente con fuerza en toda la costa. Para quien pedalea en dirección noreste —hacia Canelones, hacia la Costa de Oro— puede representar un obstáculo sostenido durante horas. Para quien regresa hacia el suroeste, es un impulso. La lección práctica: en los meses de diciembre a febrero, conviene organizar el recorrido de manera de tener el regreso a favor del viento del este.

En otoño, el régimen se vuelve más variable. La alternancia entre masas de aire atlántico y episodios de viento norte —el nortazo, cálido y húmedo, que precede a los frentes fríos— hace que los días de calma sean escasos. Es, sin embargo, la estación de transición más amable: temperaturas moderadas, luz lateral por las tardes, y vientos que cambian lo suficiente como para encontrar un momento favorable si se tiene algo de flexibilidad horaria.

El invierno concentra los dos fenómenos más intensos del litoral rioplatense. El primero es el pampero: un viento del suroeste —a veces del sur— que llega frío y violento luego del pasaje de un frente frío desde la Patagonia. Puede presentarse con poca advertencia, aunque los sistemas meteorológicos modernos lo anuncian con bastante anticipación. Los ciclistas que conocen la región saben que un "norte duro" sostenido es señal de que el pampero está en camino. El segundo fenómeno invernal es la sudestada: una rotación del viento hacia el sureste que trae lluvia intensa, cielo cubierto y marejadas en el estuario. Ocurre principalmente entre julio y octubre, puede durar varios días, y no es un momento para estar en ruta. INUMET publica avisos especiales cuando se anticipa alguno de estos eventos; consultarlos antes de salir en esa época del año no es precaución excesiva, es sentido común.

La primavera —especialmente septiembre y octubre— es la estación más ventosa del año. Las rachas son frecuentes e irregulares, y la temperatura puede caer veinticinco grados en pocas horas cuando llega un frente. También es hermosa. El truco es salir temprano, cuando el viento todavía no ha madurado, y reservar las tardes para la vuelta o para una pausa.

Conviene, entonces, considerar la dirección del viento al planificar cualquier recorrido en la costa rioplatense: no como un elemento secundario del entorno, sino como una variable estructural del trayecto. La ruta no cambia; lo que cambia es el esfuerzo, el tiempo, y a veces el placer. Pedalear treinta kilómetros con viento del noreste a favor, sobre la bicisenda de Ciudad de la Costa, con el estuario a la izquierda y el sol de tarde, es una experiencia difícil de igualar. Pedalear los mismos treinta kilómetros en sentido contrario, de frente al mismo viento, es otra historia.