Este itinerario nace de una experiencia personal y de una situación contemporánea del territorio costero uruguayo. Después de vivir varios años en Alemania —donde el cicloturismo familiar y el ocio saludable forman parte cotidiana de la vida— llegué hace diez años a Uruguay con esa sensibilidad incorporada. La reciente finalización del tramo final de la bicisenda de la Ciudad de la Costa habilitó, por primera vez, la posibilidad de reproducir aquí recorridos similares a los que solíamos hacer allá: un trayecto continuo, accesible y seguro para todas las edades.
La elección del día para realizar el recorrido resulta determinante. La experiencia mostró que conviene considerar la dirección del viento —un elemento decisivo en la costa rioplatense— y evitar temperaturas excesivamente altas o días de lluvia. Aun así, el trayecto se mantiene accesible porque a lo largo de todo su desarrollo abundan los lugares para detenerse, refrescarse y descansar, desde pequeños comercios y estaciones frente al mar hasta sombras profundas en el bosque del Parque Roosevelt o en los pinares costeros.
Desde el punto de vista perceptivo, la bicicleta introduce una escala intermedia especialmente adecuada para esta lectura del territorio. Más lenta que el automóvil y más rápida que el caminar, permite registrar vegetación y forma urbana, al tiempo que habilita detenerse, desviarse y retomar el recorrido sin perder continuidad. El desplazamiento se convierte así en una herramienta para comprender transiciones espaciales que suelen pasar inadvertidas a otras velocidades.