Pedaleando
Quienes entraron al país sobre la bicicleta dejaron testimonio. De los puentes del Río Uruguay a la avenida Brasil en Chuy, sus crónicas dibujan un mapa más honesto que cualquier folleto oficial.
El cicloturismo en Uruguay no se inventó en 2026. La memoria más antigua que se encuentra en línea es la del argentino Eduardo Morena, que en 1991 hizo 2.900 kilómetros en trece días por Argentina, Uruguay y Brasil, y cruzó tanto por Concordia/Salto como por Colón/Paysandú sin pasar por migraciones. Es un mundo distinto al actual, pero el relato sigue ahí, en su blog personal, como recordatorio de que estas rutas se pedalean hace décadas.
Los puentes, hoy. El testimonio más reciente y útil sobre los pasos desde Argentina lo dejaron tres hermanos británicos —los House Brothers— en febrero de 2025, durante su travesía Ushuaia–Texas. Llegaron a Gualeguaychú pensando que cruzarían el puente Libertador General San Martín en bici, y un mecánico local los desengañó: no bikes allowed. Esperaron dos horas y media en el predio de carga hasta que un aduanero detuvo a un camionero y le pidió que los cargara. Cruzaron en la cabina de un HGV. Del otro lado, el oficial de aduana uruguayo los despidió con un viajes seguros. La sensación de cambio fue inmediata: desde el momento en que cruzamos a Uruguay, el ambiente cambió; los uruguayos son tan tranquilos, se ve que están orgullosos de su país. En Fray Bentos un mecánico les cobró el equivalente a cinco libras por rodamientos de rueda trasera y caja pedalera. Esa es la versión moderna y honesta de cruzar uno de los puentes: paciencia en el predio, gentileza al otro lado.
La costa atlántica desde Brasil. El acceso por Chuy es el que mejor reseñas tiene. Eva Pfarrwaller y Miguel Anjo (2016, en bicis reclinadas) hablaron de fronteras sin fricción y de oficinas de turismo que entregaban mapas apenas pisado el lado uruguayo. Edson Maia, brasileño, lo definió en su blog en portugués: Uruguay es un paraíso para el cicloturismo. Subrayó la ruta 10 en ripio como ideal para cubiertas anchas y el cuidado de los conductores. Alee Denham, australiano detrás de CyclingAbout, lo resumió desde la lectura comparada: conductores más lentos y banquinas anchas; pedalear acá se siente mucho más seguro que los seis mil kilómetros previos.
Lo que repiten todos. Calidad del asfalto, distancias cortas entre pueblos, viento de costa que hay que gestionar, hospitalidad espontánea, la inevitable presencia del mate. Louisa Woolf, que dedicó dos visitas a documentar el país para Epic Road Rides, lo cerró así: los uruguayos están obsesionados con el mate. Es, para muchos, la mejor noticia del viaje.