Lugar

Colonia en bici

La puerta de entrada desde Buenos Aires, y el oeste rural detrás.

Colonia es la puerta de entrada para casi todo el que cruza desde Buenos Aires: el ferri tarda alrededor de una hora y cuarto, y el paseo de un día es un clásico porteño. Con bici, conviene mirar la letra chica de cada operador — Colonia Express embarca una bicicleta gratis por pasajero, con formulario mediante; sobre Buquebús las fuentes hoy se contradicen, así que conviene confirmarlo al comprar el pasaje. Del lado uruguayo esperan unos 178 kilómetros de ruta hasta Montevideo.

El casco antiguo explica el viaje. Los portugueses fundaron Colonia del Sacramento en 1680, la plaza cambió de manos más de siete veces hasta quedar española en 1777, y ese tira y afloja dejó un trazado que no sigue la cuadrícula colonial española — parte de lo que la UNESCO reconoció al inscribirlo como Patrimonio Mundial en 1995. Es un destino para caminar: las calles empedradas del barrio histórico se disfrutan a pie — la Calle de los Suspiros, de hecho, tiene escalones —, y la bici queda para llegar y para la rambla, unos ocho kilómetros llanos con vista al Río de la Plata.

Hacia el oeste el departamento se vuelve rural. Carmelo queda a 77 kilómetros por la ruta directa, con almacenes escasos en el camino, y guarda dos rarezas: fundada por Artigas en 1816, es la única ciudad suya que sigue en pie; y se entra cruzando un puente giratorio de hierro de 1912 que todavía se acciona a manivela, considerado el primero de Sudamérica. La zona tiene desde 1993 una Indicación Geográfica Vitivinícola del INAVI — la identificación de este tipo con más historia en el país — y bodegas como Narbona, fundada en 1909, a unos catorce kilómetros del pueblo.

Quien quiera profundizar tiene por dónde: el casco histórico en detalle, la travesía hacia Carmelo y el oeste, y el ferri con bicicleta, paso a paso.