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Tema

Patrimonio y sitios de interés

Lo que Uruguay construyó y todavía conserva —la rambla, la torre de la Aduana, el casco histórico de Colonia— se deja recorrer mejor a paso de bicicleta.

El patrimonio uruguayo no vive encerrado en museos. Está en la rambla que se construyó por tramos durante tres décadas, hasta que la Rambla Sur cerró el circuito en 1935, y en la torre de la Aduana, surgida del concurso de 1922, art déco antes de que el estilo tuviera nombre. Está también en el barrio histórico de Colonia del Sacramento —patrimonio mundial desde 1995, dieciséis hectáreas de empedrado que se caminan mejor que se pedalean— y en el paisaje industrial del ex frigorífico Anglo en Fray Bentos, que entró a la misma lista en 2015.

Conviene saber que la rambla no se hizo de una vez, sino tramo por tramo, en un siglo desordenado. El tramo de Parque Rodó es de alrededor de 1906; Pocitos llegó en 1910 y siguió hasta Punta Carretas en 1916; Carrasco en 1912; Malvín y Punta Gorda en 1918; Buceo en 1925. La Rambla Sur, el pedazo que faltaba para unir el trazado, se empezó en 1923, la frenó un temporal, se retomó en 1925 y recién se inauguró en diciembre de 1935, con Juan P. Fabini como ingeniero: cuatro kilómetros, cincuenta metros de ancho, 929 padrones expropiados. Esa obra también borró cosas. Desaparecieron las playas Santa Ana y Patricios, y con ellas los barrios populares — «el Bajo» — levantados sobre esa costa. Pedalear hoy la Rambla Sur es pasar por encima de esa decisión.

El puerto concentra la otra capa. El concurso para el edificio de la Aduana se llamó en 1922, se presentaron diecinueve propuestas y ganó Jorge Herrán, que tenía 26 años; la obra se terminó en 1931. El estilo todavía no se llamaba así: la Exposición de París que lo bautizó fue en 1925. A pocas cuadras, el Mercado del Puerto abrió el 10 de octubre de 1868 y funcionó como mercado de abasto hasta que en los años setenta se volvió lo que es hoy; su estructura de hierro se fabricó en Liverpool y se armó acá. Sobre 18 de Julio, el Palacio Salvo —terminado entre 1925 y 1928, 101 metros— fue el edificio más alto de América Latina cuando se inauguró.

Ahora, la parte incómoda: buena parte de este patrimonio no se recorre en bici, se recorre caminando al lado de la bici. Ciudad Vieja no tiene un solo metro de ciclovía —el damero entero es Zona 30, tránsito compartido— así que lo razonable es llegar por la red protegida y bajarse en la entrada. En Colonia pasa algo parecido: las dieciséis hectáreas del barrio histórico son de piedra irregular y la Calle de los Suspiros directamente tiene escalones. La bici sirve para llegar, para la rambla y para el resto del pueblo; adentro del casco, va de la mano.

Acá juntamos todo lo que venimos publicando sobre ese costado del país: la historia de a quién pertenecía la calle antes de que llegara el auto, las utopías de la costa, el oeste que arranca en Carmelo. Crónicas para pedalear despacio y mirar dos veces.

Ilustraciones · serie de afiches Pedaleando, generadas con IA.